7 ene 2010

ODA A CARMEN

Por Ryan Bramlett

Al finalizar un año de estudios y experiencias en Sevilla, Brian se despiede de su mejor amiga y compañera.

Carmen mi amor, me encontraste al fin del invierno en un taller de bicicletas a la alameda. Tu cuadro, rojo como una manzana y tu manillar plateado me atrajeron desde el fondo de la garaje. Juntos, paseábamos por Sevilla durante la primavera. Me llevaste por el Paseo de Cristóbal Colón, debajo de las palmeras, al lado del Guadalquivir. Descansábamos al Parque de los Príncipes antes de volver a casa en Triana, el barrio desde el que viene tu nombre. Carmen, tu eres el símbolo romántico del de la primavera; tu eres el espíritu de viajar.


Al principio del verano, cuando mis otros amigos se fueron, tu quedaste conmigo. Me esperabas con paciencia dentro de un cuarto pequeño mientras yo viajaba por Europa. No había ni una ciudad en la que no te extrañé.

En la alameda, yo tomando un café, tu a mi lado, mirábamos como se caían las hojas grandes de los árboles. Cuando se te quitaron la sillín, yo maldije el mundo. Cuando perdiste un pedal, yo te arreglé. Carmen, tu eras la única constante durante un año de cambios. Tu me enseñaste Sevilla a los quince kilómetros por hora.

Hoy, con una lagrima en el ojo, te vendí al mismo taller en el que te compré. Mañana, con el final del año, me voy. Carmen, como la de Triana, nuestro amor nunca podría durar.

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