11 nov 2008

LA VIDA EN LAS MÁRGENES — VANESSA PINNA

En el Diario de Sevilla, se puede leer "El PP pide un parque de Bomberos para Triana y Los Remedios." En El Correo de Andalucía, "Los 14 colegios de Los Remedios y Triana amplían la ratio en Primaria." En los mismos periódicos, también se puede leer "Hasta siete años por vender cocaína y heroína en el Polígono Sur," "La Policía desmantela un clan de traficantes de armas en las Tres Mil," y "Atracan a mano armada dos supermercados del Polígono Sur en menos de media hora."
Esta zona, famosa por el crimen, las drogas, y la pobreza es El Polígono Sur, un barrio marginal all sudeste de Sevilla. "¡Los taxis no entran allí por miedo de un ataque!" cuenta María Suarez Alonso, estudiante de la Universidad de Sevilla. Igualmente, Lola, una niña de 11 años, advierte gravemente "No vayas al Polígono Sur. ¡Hay drogas y ladrones por todos sitios!"
Imagínate si vivieras en un barrio así, marcado por el peligro y por problemas interminables. Para Kiki Montenegro del Pozo y para Paco Durán Romero, 16 años ambos, el barrio de las Tres Mil Viviendas es el único lugar en el que han vivido. "Me gusta vivir aquí igual que todos mis amigos, el barrio es bueno" refleja Paco. Aunque hay escuelas dentro del barrio, Kiki y Paco asisten al cercano Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande. "Prefiero venir a la escuela aquí”, cuenta Kiki. "Es más seguro y el nivel más alto." Por dentro, el Ramón Carande se parece a cualquier otra escuela. Las paredes tienen un aburrido color mostazo y huele a libros viejos y a goma. Hay largos vestíbulos y grandes ventanas que dan a la pista de baloncesto. Sin embargo, son los estudiantes los que aportan la diferencia a esta escuela.

"Hay 800 estudiantes y la mayoría vive en las Tres Mil. Aproximadamente el 35% de estos estudiantes son gitanos," explica Nani Quiroga, la psicóloga del instituto. "Nuestros estudiantes tienen que estar escolarizados hasta los 16 años. Después, pueden continuar con su educación general o entrar en la formación profesional." Estudian según lo impuesto por la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1990. Arqueando las cejas y con una expresión seria en la cara, Nani afirma, "Esta [LOGSE] es la razón de que tengamos muchos de nuestros problemas; hay muchos alumnos que quieren dejar la escuela antes de los 16 y no pueden hacerlo." Muchos intentan quedare en casa. "Es entonces que algún trabajador de los servicios sociales, o yo misma, vamos a las casas de los estudiantes si el absentismo persiste," cuenta Nani. "Pero muchas veces, a los propios padres no les importan tampoco."
Edificios viejos, calles sucias, y la falta de manteamiento general dan carácter a esta jungla de asfalto que es el "Polígono Sur" de Sevilla. Por la noche, las fogatas en plena calle iluminan la cara de sus vecinos; gente de toda condición que en general espera cambios positivos en el barrio. Indudablemente, la vida marginal y la exclusión social han contribuido a los sus problemas. Según se publica en el blog LaHaine.org, "El principal factor de segregación en las ciudades es el salario, desde el momento en que existen suelos más baratos y suelos más caros, los grupos sociales con mayor poder adquisitivo serán los primeros en elegir y aquellos con menor poder adquisitivo se dirigirán a las zonas que no quiere nadie." Además de la falta de dinero, el Polígono Sur también es victima de la segregación racial. Gran parte de la población es gitana. "No sé por qué a algunas personas no les gustan los gitanos," explica Paco. "Sí, hay algunos que son malos y que roban, pero hay sevillanos que son malos y que roban también. Los gitanos son buena gente."
No sólo la segregación social y la carestía económica contribuyen al aislamiento profundo del barrio, también lo hace su clara segregación geográfica. El Polígono Sur está excluido de Sevilla por varias fronteras: la carretera SE-30, la vía del ferrocarril, el Río Guadaíra y la fabrica Hytasa bordean el barrio y lo separan de la ciudad. Por eso no hay muchos negocios en el área. "No vas a encontrar El Corte Inglés en El Polígono Sur," bromea Margarita Moreno, una mujer de los Remedios. "No es un lugar bueno, y las compañías saben del nivel socioeconómico del barrio." También, como añade LaHaine.org, "El dinero atrae al dinero, la marginalidad atrae a la marginalidad."
El gobierno no está ciego a los problemas que existen en El Polígono Sur. En marzo de 2006, el Presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, habló del Plan Integral del Polígono Sur. Dicho Plan prometía rehabilitación de edificios y calles, ayudas a la economía del barrio y más seguridad. Con la intención de reducir el uso de drogas, algunos policías secretos patrullan las calles. "No estaba haciendo nada sospechoso. Iba andando para mi casa y un hombre desconocido me preguntó si tenía un gramo de cocaína para comprar. Le dije que no y entonces él me mostró su chapa policial. ¡Fue sorprendente!" recuerda Paco.
Nani, la psicóloga del Ramón Carande, admite que se reciben ayudas. "Hay mucho dinero invertido en las Tres Mil y en este instituto concretamente. Existe un centro para jóvenes que funciona muy bien y programas educativos para jóvenes que pretenden incorporar a los padres en la educación de sus hijos." Mientras el gobierno tiene varios planes para El Polígono Sur, está claro que los vecinos necesitan tener un papel en el cambio también. En voz alta y clara, Nani afirma "Si los padres no controlan los estudios del niño y su cantidad de tiempo en la calle, el niño no va a avanzar." Con la misma intención, Manuel Chaves dijo en el discurso de presentación del Plan Integral "La única posibilidad de quebrar el cerco de dolor y fatalidad que ahoga al Polígono Sur es la participación activa, comprometida y responsable de los vecinos, su protagonismo social no sólo como beneficiarios directos, sino incluso como gestores y fiscalizadores del propio plan."
Hoy en día, las perspectivas para los jóvenes del Polígono Sur son una mezcla de duda y esperanza. "Somos también Sevilla," proclamó Kiki. "La gente de fura del barrio tiene un idea muy mala de nosotros, pero están muy equivocados. Somos buena gente." A la pregunta de qué quieren hacer en el futuro, los dos responden que quieren trabajar como electricistas industriales. Kiki sonrió y dijo "También me gustaría mudarme del barrio un día, lejos del ruido y los problemas. Posiblemente a Triana." Paco también estuvo de acuerdo.
Si las acciones prometidas por el gobierno son ejecutadas y si los vecinos también pueden colaborar, el futuro del Polígono Sur puede superar su historia oscura de sufrimiento. Posiblemente, en los años que vienen, el barrio del Polígono Sur pueda hacerse un sitio seguro y exitoso tras haber abandonado un pasado duro en los márgenes. Posiblemente la situación cambie.



Fuentes:
Kiki Montenegro del Pozo
Paco Durán Romero
Nani Quiroga
chavez_presenta_planintegral_poligonosur.doc
EL POLÍGONO SUR-historia.doc (LaHaine.org)
polígonosur_abc_hemeroteca_historia.doc

DONDE LOS TAXIS NO VAN... — MARISSA MASTRANGELI

Donde los taxis no van surge un chico que sí va donde nadie ha ido antes

Se le puede ver los fines de semana comiendo pipas al lado del río Guadalquivir. Como cualquier otro español, da un paseo por la calle Betis con sus amigos. Se viste con los colores de un aficionado fiel, blanco y verde, e insiste en que el Betis es el mejor equipo del mundo.
Sin embargo, mientras la mayoría de la gente vuelve a casa en taxi, él no tiene esa opción. No tiene nada que ver con dinero. No vive lejos. Los taxistas rechazan ir a su barrio. Es peligroso.
<>. José Luís Rivera Romero vive en un barrio marginal de Sevilla. Allá viven la mayoría de los gitanos aunque también viven muchos payos de la ciudad. Se llama Polígono Sur pero es mejor conocido como las tres mil viviendas.
<>. Son parte de la vida cotidiana de las tres mil. <>.
En lo que puede parecer como un hoyo sin fin, un chico ha surgido con esperanza. Se imagina una vida futura con éxito. Éxito a través de la educación.
Cada día, se despierta antes de las ocho para ir a las clases del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande, en la calle Alfonso Lasso de la Vega. Desde séptimo de la ESO, José lo ha visto como su salida a una vida mejor.
<>, explica Nani, la psicología de Ramón Carande. <>.
Muchas asisten gracias a la preocupación de sus padres, que los inscriben en esta escuela a escasos 300 metros de las tres mil. Los institutos situados dentro de las tres mil no son tan buenos. Los profesores tienen que concentrarse mucho en controlar la conducta de los estudiantes. Como resultado, el nivel educativo sufre. Los padres de los estudiantes del Ramón Carande quieren que sus niños reciban la mejor educación. Sin embargo, para José, es una decisión fácil. No necesita la presión de sus padres.
<>. José ha ignorado la presión de un paradigma. Sigue un camino nuevo. Al conocer José, se puede ver en su cara que tiene ganas de aprender.
Está interesado en conocer el mundo. Sus ojos iluminan cuando aprende detalles de los Estados Unidos. <<¡Que flipante!>> responde cuando le digo que los estadounidenses pueden conducir a los 16 años. Me pide que le cuente más cosas. José sonríe y a cambio me cuenta lo que le gusta y lo que no de su instituto de su escuela.
<>. El instituto es un escape. Confiesa que hay peleas, pero es un pequeño precio a pagar en comparación con lo que la escuela ofrece. José pone los ojos en blanco y me dice: <> Si él se puede olvidarse de los aspectos de la vida de las tres mil y concentrase en un bocadillo, la escuela si tiene éxito.
<>, explica Nani. <>. PCPI es un ejemplo de un programa para los de 13 años. En ÉL, los estudiantes pueden aprender cosas de niveles básicos. Es una oportunidad para los que tiene dificultades en comprensión, pero tienen ganas de aprender.
Como José ha demostrado, lo importante es que alguien tenga las ganas. José se da cuenta de la importancia de terminar en el instituto. A causa de su educación, un día tendrá muchas oportunidades para trabajar. Posiblemente, tres mil.

LA EDUCACIÓN DE LA OPORTUNIDAD — TESS KUKOVICH

Al lado de la calle Alfonso Lasso de la Vega hay una vieja verja bastante alta que rodea un edificio. Pintada de verde, sirve de separación entre la calle y los barrios que la rodean. Al atravesarla, se encuentran otras puertas para entrar en el edificio, además de otras que un empleado tiene que abrir para que se pueda acceder a él. Aunque lo parezca, este edificio no es una cárcel – es el Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande de Sevilla.

“Aquí en Andalucía, y en España, hay mucho fracaso educativo,” comenta Encarnación “Nani” Quiroga, la orientadora del instituto. El Ramón Carande está situada junto a un barrio muy peligroso y marginado, las Tres Mil Viviendas. Muchos de los alumnos que asisten a él viven en las Tres Mil. Para estudiar allí los alumnos deben pasar por ciertas dificultades, además de tener interés y ganas de aprender. “Si los padres no están detrás de sus hijos, no van a avanzar,” nos cuenta Quiroga, que trabaja como nexo entre los estudiantes y los trabajadores sociales. “Dentro del ambiente en el que han vivido, están haciendo un gran esfuerzo para seguir adelante,” añade.

En la sala de reuniones del Instituto hay un ordenador abandonado a un lado, una gran mesa y un escritorio. Por las paredes hay unos pósteres informativos e inspiradores con frases como “consigue tu sueño.” Este tipo de cosas son parte de la inspiración que los alumnos necesitan.

La Ley de Ordenación General del Sistema Educativo de 1990 estableció la escolarización obligatoria hasta los 16 años. Antes, la educación básica terminaba a los 13. “Si no asistían a las escuela, le llaman a casa y si los padres no respondían, llamaban a los servicios sociales,” dijo Quiroga. Por ello, el Instituto Ramón Carande trata de proporcionar alternativas para los chicos. Después de terminar la educación básica, los alumnos tienen básicamente dos opciones: hacer el bachillerato en el Instituto o formación profesional, aunque también hay otras alternativas.

Leo Andreo Garrido, lleva seis años de estudiante en el Instituto, tiene ganas de mudarse a Tenerife para vivir con un amigo después de cumplir los 18. “Espero entrarme en el ejercito, o hacerme bombero,” dijo. Su única hermana, Noelia, que tiene 13 años, también asiste al Instituto. Leo, de 17 años, tiene a muchos familiares y amigos viviendo en las Tres Mil. “Es un barrio chungo,” comenta. Su propio barrio, Getsemani, está muy cerca, y mucha gente de las Tres Mil pasa por su calle.

Las Tres Mil Viviendas se encuentran en el sureste de Sevilla. El barrio fue creado entre los años 60 y 70 como complejo de viviendas subvencionadas cuando el barrio de Triana empezó a cambiar y los gitanos se vieron gradualmente expulsados a vivir en chabolas o en la calle. El barrio cuenta con una larga historia de delincuencia y drogas, resultado, ENTRE OTRAS MUCHAS COSAS, de la falta de educación, estudios y oportunidades en general de una gran parte de la población. Los problemas de ello derivado están a fecha de hoy muy presentes en la piel del barrio.

“No salgo por el barrio,” afirma Marta Domingue Montenegro, una chica bastante tranquila que vive con sus padres y con un perro en un apartamento de un piso en el barrio de Madre Dolorosa. Ella ha asistido al Instituto cuatro años y tiene muchos amigos que viven en las Tres Mil. “Cuando salgo, voy de compras con mis amigas,” dice Marta. “Pero nunca voy por las Tres Mil. La policía no pasa por allí mucho tampoco.”

Hay un gran problema con la droga en las Tres Mil. Por las noches, todos salen a la calle para hacer botellón, consumir droga y cantar flamenco. Esto trae como resultado que los niños del barrio estén expuestos a la droga a una edad muy temprana, y muchos continúan usándolas durante toda su vida. “He visto a niños de esta altura fumando porros,” nos cuenta Leo marcado con la mano unos 90 centímetros desde el suelo. “Sí, hay mala gente en las Tres Mil, aunque mucha de la que consume drogas es buena. El hecho de que la tomen o no, no les hace ser mala gente.”

EL BARRIO RECIBE mucho dinero de diferentes organizaciones. Según el blog de LaHaine.org, los proyectos de mejora en Sevilla serían mucho más eficaces en barrios como las Tres Mil, pero los inversores prefieren invertir su dinero en áreas con mas oportunidades. “Están remodelando los edificios y tratando de arreglar el barrio. Pero el problema es que no éstos no se conservan,” dice Quiroga.

“En las Tres Mil Viviendas residen muchos ciudadanos que son ejemplo de honradez y que han demostrado una enorme capacidad de lucha contra las dificultades que se han ido encontrando,” dijo el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, hace ocho años durante una conferencia sobre la violencia en el barrio. “Haré todo lo que esté en mis manos para aislar, desplazar e incluso expulsar de la barriada a todas aquellas personas que realizan actividades incívicas y a veces delictivas.” Pero para el resto de Sevilla, las Tres Mil es un lugar dejado de la mano de Dios a propósito. “Uno no debe salir por allí. Hay mucha droga y violencia en ese barrio,” cometnta Maria Aurora Carrasco, una sevillana de 61 años que vive en el barrio de Los Remedios. “Es muy triste que los chicos de las Tres Mil no tengan las mismas oportunidades que los demás.”

No obstante, hay escuelas cómo el Instituto Ramón Carande que están tratando de mejorar la vida de los chicos a través de la educación. Por lo que sólo es la responsabilidad y competencia de estos chicos usar sus estudios y aprovechar de las oportunidades que se le presentan en la vida.