11 nov 2008

LA EDUCACIÓN DE LA OPORTUNIDAD — TESS KUKOVICH

Al lado de la calle Alfonso Lasso de la Vega hay una vieja verja bastante alta que rodea un edificio. Pintada de verde, sirve de separación entre la calle y los barrios que la rodean. Al atravesarla, se encuentran otras puertas para entrar en el edificio, además de otras que un empleado tiene que abrir para que se pueda acceder a él. Aunque lo parezca, este edificio no es una cárcel – es el Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande de Sevilla.

“Aquí en Andalucía, y en España, hay mucho fracaso educativo,” comenta Encarnación “Nani” Quiroga, la orientadora del instituto. El Ramón Carande está situada junto a un barrio muy peligroso y marginado, las Tres Mil Viviendas. Muchos de los alumnos que asisten a él viven en las Tres Mil. Para estudiar allí los alumnos deben pasar por ciertas dificultades, además de tener interés y ganas de aprender. “Si los padres no están detrás de sus hijos, no van a avanzar,” nos cuenta Quiroga, que trabaja como nexo entre los estudiantes y los trabajadores sociales. “Dentro del ambiente en el que han vivido, están haciendo un gran esfuerzo para seguir adelante,” añade.

En la sala de reuniones del Instituto hay un ordenador abandonado a un lado, una gran mesa y un escritorio. Por las paredes hay unos pósteres informativos e inspiradores con frases como “consigue tu sueño.” Este tipo de cosas son parte de la inspiración que los alumnos necesitan.

La Ley de Ordenación General del Sistema Educativo de 1990 estableció la escolarización obligatoria hasta los 16 años. Antes, la educación básica terminaba a los 13. “Si no asistían a las escuela, le llaman a casa y si los padres no respondían, llamaban a los servicios sociales,” dijo Quiroga. Por ello, el Instituto Ramón Carande trata de proporcionar alternativas para los chicos. Después de terminar la educación básica, los alumnos tienen básicamente dos opciones: hacer el bachillerato en el Instituto o formación profesional, aunque también hay otras alternativas.

Leo Andreo Garrido, lleva seis años de estudiante en el Instituto, tiene ganas de mudarse a Tenerife para vivir con un amigo después de cumplir los 18. “Espero entrarme en el ejercito, o hacerme bombero,” dijo. Su única hermana, Noelia, que tiene 13 años, también asiste al Instituto. Leo, de 17 años, tiene a muchos familiares y amigos viviendo en las Tres Mil. “Es un barrio chungo,” comenta. Su propio barrio, Getsemani, está muy cerca, y mucha gente de las Tres Mil pasa por su calle.

Las Tres Mil Viviendas se encuentran en el sureste de Sevilla. El barrio fue creado entre los años 60 y 70 como complejo de viviendas subvencionadas cuando el barrio de Triana empezó a cambiar y los gitanos se vieron gradualmente expulsados a vivir en chabolas o en la calle. El barrio cuenta con una larga historia de delincuencia y drogas, resultado, ENTRE OTRAS MUCHAS COSAS, de la falta de educación, estudios y oportunidades en general de una gran parte de la población. Los problemas de ello derivado están a fecha de hoy muy presentes en la piel del barrio.

“No salgo por el barrio,” afirma Marta Domingue Montenegro, una chica bastante tranquila que vive con sus padres y con un perro en un apartamento de un piso en el barrio de Madre Dolorosa. Ella ha asistido al Instituto cuatro años y tiene muchos amigos que viven en las Tres Mil. “Cuando salgo, voy de compras con mis amigas,” dice Marta. “Pero nunca voy por las Tres Mil. La policía no pasa por allí mucho tampoco.”

Hay un gran problema con la droga en las Tres Mil. Por las noches, todos salen a la calle para hacer botellón, consumir droga y cantar flamenco. Esto trae como resultado que los niños del barrio estén expuestos a la droga a una edad muy temprana, y muchos continúan usándolas durante toda su vida. “He visto a niños de esta altura fumando porros,” nos cuenta Leo marcado con la mano unos 90 centímetros desde el suelo. “Sí, hay mala gente en las Tres Mil, aunque mucha de la que consume drogas es buena. El hecho de que la tomen o no, no les hace ser mala gente.”

EL BARRIO RECIBE mucho dinero de diferentes organizaciones. Según el blog de LaHaine.org, los proyectos de mejora en Sevilla serían mucho más eficaces en barrios como las Tres Mil, pero los inversores prefieren invertir su dinero en áreas con mas oportunidades. “Están remodelando los edificios y tratando de arreglar el barrio. Pero el problema es que no éstos no se conservan,” dice Quiroga.

“En las Tres Mil Viviendas residen muchos ciudadanos que son ejemplo de honradez y que han demostrado una enorme capacidad de lucha contra las dificultades que se han ido encontrando,” dijo el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, hace ocho años durante una conferencia sobre la violencia en el barrio. “Haré todo lo que esté en mis manos para aislar, desplazar e incluso expulsar de la barriada a todas aquellas personas que realizan actividades incívicas y a veces delictivas.” Pero para el resto de Sevilla, las Tres Mil es un lugar dejado de la mano de Dios a propósito. “Uno no debe salir por allí. Hay mucha droga y violencia en ese barrio,” cometnta Maria Aurora Carrasco, una sevillana de 61 años que vive en el barrio de Los Remedios. “Es muy triste que los chicos de las Tres Mil no tengan las mismas oportunidades que los demás.”

No obstante, hay escuelas cómo el Instituto Ramón Carande que están tratando de mejorar la vida de los chicos a través de la educación. Por lo que sólo es la responsabilidad y competencia de estos chicos usar sus estudios y aprovechar de las oportunidades que se le presentan en la vida.

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