Se le puede ver los fines de semana comiendo pipas al lado del río Guadalquivir. Como cualquier otro español, da un paseo por la calle Betis con sus amigos. Se viste con los colores de un aficionado fiel, blanco y verde, e insiste en que el Betis es el mejor equipo del mundo.
Sin embargo, mientras la mayoría de la gente vuelve a casa en taxi, él no tiene esa opción. No tiene nada que ver con dinero. No vive lejos. Los taxistas rechazan ir a su barrio. Es peligroso.
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En lo que puede parecer como un hoyo sin fin, un chico ha surgido con esperanza. Se imagina una vida futura con éxito. Éxito a través de la educación.
Cada día, se despierta antes de las ocho para ir a las clases del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande, en la calle Alfonso Lasso de la Vega. Desde séptimo de la ESO, José lo ha visto como su salida a una vida mejor.
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Muchas asisten gracias a la preocupación de sus padres, que los inscriben en esta escuela a escasos 300 metros de las tres mil. Los institutos situados dentro de las tres mil no son tan buenos. Los profesores tienen que concentrarse mucho en controlar la conducta de los estudiantes. Como resultado, el nivel educativo sufre. Los padres de los estudiantes del Ramón Carande quieren que sus niños reciban la mejor educación. Sin embargo, para José, es una decisión fácil. No necesita la presión de sus padres.
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Está interesado en conocer el mundo. Sus ojos iluminan cuando aprende detalles de los Estados Unidos. <<¡Que flipante!>> responde cuando le digo que los estadounidenses pueden conducir a los 16 años. Me pide que le cuente más cosas. José sonríe y a cambio me cuenta lo que le gusta y lo que no de su instituto de su escuela.
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Como José ha demostrado, lo importante es que alguien tenga las ganas. José se da cuenta de la importancia de terminar en el instituto. A causa de su educación, un día tendrá muchas oportunidades para trabajar. Posiblemente, tres mil.

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