11 nov 2008

LA VIDA EN LAS MÁRGENES — VANESSA PINNA

En el Diario de Sevilla, se puede leer "El PP pide un parque de Bomberos para Triana y Los Remedios." En El Correo de Andalucía, "Los 14 colegios de Los Remedios y Triana amplían la ratio en Primaria." En los mismos periódicos, también se puede leer "Hasta siete años por vender cocaína y heroína en el Polígono Sur," "La Policía desmantela un clan de traficantes de armas en las Tres Mil," y "Atracan a mano armada dos supermercados del Polígono Sur en menos de media hora."
Esta zona, famosa por el crimen, las drogas, y la pobreza es El Polígono Sur, un barrio marginal all sudeste de Sevilla. "¡Los taxis no entran allí por miedo de un ataque!" cuenta María Suarez Alonso, estudiante de la Universidad de Sevilla. Igualmente, Lola, una niña de 11 años, advierte gravemente "No vayas al Polígono Sur. ¡Hay drogas y ladrones por todos sitios!"
Imagínate si vivieras en un barrio así, marcado por el peligro y por problemas interminables. Para Kiki Montenegro del Pozo y para Paco Durán Romero, 16 años ambos, el barrio de las Tres Mil Viviendas es el único lugar en el que han vivido. "Me gusta vivir aquí igual que todos mis amigos, el barrio es bueno" refleja Paco. Aunque hay escuelas dentro del barrio, Kiki y Paco asisten al cercano Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande. "Prefiero venir a la escuela aquí”, cuenta Kiki. "Es más seguro y el nivel más alto." Por dentro, el Ramón Carande se parece a cualquier otra escuela. Las paredes tienen un aburrido color mostazo y huele a libros viejos y a goma. Hay largos vestíbulos y grandes ventanas que dan a la pista de baloncesto. Sin embargo, son los estudiantes los que aportan la diferencia a esta escuela.

"Hay 800 estudiantes y la mayoría vive en las Tres Mil. Aproximadamente el 35% de estos estudiantes son gitanos," explica Nani Quiroga, la psicóloga del instituto. "Nuestros estudiantes tienen que estar escolarizados hasta los 16 años. Después, pueden continuar con su educación general o entrar en la formación profesional." Estudian según lo impuesto por la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1990. Arqueando las cejas y con una expresión seria en la cara, Nani afirma, "Esta [LOGSE] es la razón de que tengamos muchos de nuestros problemas; hay muchos alumnos que quieren dejar la escuela antes de los 16 y no pueden hacerlo." Muchos intentan quedare en casa. "Es entonces que algún trabajador de los servicios sociales, o yo misma, vamos a las casas de los estudiantes si el absentismo persiste," cuenta Nani. "Pero muchas veces, a los propios padres no les importan tampoco."
Edificios viejos, calles sucias, y la falta de manteamiento general dan carácter a esta jungla de asfalto que es el "Polígono Sur" de Sevilla. Por la noche, las fogatas en plena calle iluminan la cara de sus vecinos; gente de toda condición que en general espera cambios positivos en el barrio. Indudablemente, la vida marginal y la exclusión social han contribuido a los sus problemas. Según se publica en el blog LaHaine.org, "El principal factor de segregación en las ciudades es el salario, desde el momento en que existen suelos más baratos y suelos más caros, los grupos sociales con mayor poder adquisitivo serán los primeros en elegir y aquellos con menor poder adquisitivo se dirigirán a las zonas que no quiere nadie." Además de la falta de dinero, el Polígono Sur también es victima de la segregación racial. Gran parte de la población es gitana. "No sé por qué a algunas personas no les gustan los gitanos," explica Paco. "Sí, hay algunos que son malos y que roban, pero hay sevillanos que son malos y que roban también. Los gitanos son buena gente."
No sólo la segregación social y la carestía económica contribuyen al aislamiento profundo del barrio, también lo hace su clara segregación geográfica. El Polígono Sur está excluido de Sevilla por varias fronteras: la carretera SE-30, la vía del ferrocarril, el Río Guadaíra y la fabrica Hytasa bordean el barrio y lo separan de la ciudad. Por eso no hay muchos negocios en el área. "No vas a encontrar El Corte Inglés en El Polígono Sur," bromea Margarita Moreno, una mujer de los Remedios. "No es un lugar bueno, y las compañías saben del nivel socioeconómico del barrio." También, como añade LaHaine.org, "El dinero atrae al dinero, la marginalidad atrae a la marginalidad."
El gobierno no está ciego a los problemas que existen en El Polígono Sur. En marzo de 2006, el Presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, habló del Plan Integral del Polígono Sur. Dicho Plan prometía rehabilitación de edificios y calles, ayudas a la economía del barrio y más seguridad. Con la intención de reducir el uso de drogas, algunos policías secretos patrullan las calles. "No estaba haciendo nada sospechoso. Iba andando para mi casa y un hombre desconocido me preguntó si tenía un gramo de cocaína para comprar. Le dije que no y entonces él me mostró su chapa policial. ¡Fue sorprendente!" recuerda Paco.
Nani, la psicóloga del Ramón Carande, admite que se reciben ayudas. "Hay mucho dinero invertido en las Tres Mil y en este instituto concretamente. Existe un centro para jóvenes que funciona muy bien y programas educativos para jóvenes que pretenden incorporar a los padres en la educación de sus hijos." Mientras el gobierno tiene varios planes para El Polígono Sur, está claro que los vecinos necesitan tener un papel en el cambio también. En voz alta y clara, Nani afirma "Si los padres no controlan los estudios del niño y su cantidad de tiempo en la calle, el niño no va a avanzar." Con la misma intención, Manuel Chaves dijo en el discurso de presentación del Plan Integral "La única posibilidad de quebrar el cerco de dolor y fatalidad que ahoga al Polígono Sur es la participación activa, comprometida y responsable de los vecinos, su protagonismo social no sólo como beneficiarios directos, sino incluso como gestores y fiscalizadores del propio plan."
Hoy en día, las perspectivas para los jóvenes del Polígono Sur son una mezcla de duda y esperanza. "Somos también Sevilla," proclamó Kiki. "La gente de fura del barrio tiene un idea muy mala de nosotros, pero están muy equivocados. Somos buena gente." A la pregunta de qué quieren hacer en el futuro, los dos responden que quieren trabajar como electricistas industriales. Kiki sonrió y dijo "También me gustaría mudarme del barrio un día, lejos del ruido y los problemas. Posiblemente a Triana." Paco también estuvo de acuerdo.
Si las acciones prometidas por el gobierno son ejecutadas y si los vecinos también pueden colaborar, el futuro del Polígono Sur puede superar su historia oscura de sufrimiento. Posiblemente, en los años que vienen, el barrio del Polígono Sur pueda hacerse un sitio seguro y exitoso tras haber abandonado un pasado duro en los márgenes. Posiblemente la situación cambie.



Fuentes:
Kiki Montenegro del Pozo
Paco Durán Romero
Nani Quiroga
chavez_presenta_planintegral_poligonosur.doc
EL POLÍGONO SUR-historia.doc (LaHaine.org)
polígonosur_abc_hemeroteca_historia.doc

DONDE LOS TAXIS NO VAN... — MARISSA MASTRANGELI

Donde los taxis no van surge un chico que sí va donde nadie ha ido antes

Se le puede ver los fines de semana comiendo pipas al lado del río Guadalquivir. Como cualquier otro español, da un paseo por la calle Betis con sus amigos. Se viste con los colores de un aficionado fiel, blanco y verde, e insiste en que el Betis es el mejor equipo del mundo.
Sin embargo, mientras la mayoría de la gente vuelve a casa en taxi, él no tiene esa opción. No tiene nada que ver con dinero. No vive lejos. Los taxistas rechazan ir a su barrio. Es peligroso.
<>. José Luís Rivera Romero vive en un barrio marginal de Sevilla. Allá viven la mayoría de los gitanos aunque también viven muchos payos de la ciudad. Se llama Polígono Sur pero es mejor conocido como las tres mil viviendas.
<>. Son parte de la vida cotidiana de las tres mil. <>.
En lo que puede parecer como un hoyo sin fin, un chico ha surgido con esperanza. Se imagina una vida futura con éxito. Éxito a través de la educación.
Cada día, se despierta antes de las ocho para ir a las clases del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande, en la calle Alfonso Lasso de la Vega. Desde séptimo de la ESO, José lo ha visto como su salida a una vida mejor.
<>, explica Nani, la psicología de Ramón Carande. <>.
Muchas asisten gracias a la preocupación de sus padres, que los inscriben en esta escuela a escasos 300 metros de las tres mil. Los institutos situados dentro de las tres mil no son tan buenos. Los profesores tienen que concentrarse mucho en controlar la conducta de los estudiantes. Como resultado, el nivel educativo sufre. Los padres de los estudiantes del Ramón Carande quieren que sus niños reciban la mejor educación. Sin embargo, para José, es una decisión fácil. No necesita la presión de sus padres.
<>. José ha ignorado la presión de un paradigma. Sigue un camino nuevo. Al conocer José, se puede ver en su cara que tiene ganas de aprender.
Está interesado en conocer el mundo. Sus ojos iluminan cuando aprende detalles de los Estados Unidos. <<¡Que flipante!>> responde cuando le digo que los estadounidenses pueden conducir a los 16 años. Me pide que le cuente más cosas. José sonríe y a cambio me cuenta lo que le gusta y lo que no de su instituto de su escuela.
<>. El instituto es un escape. Confiesa que hay peleas, pero es un pequeño precio a pagar en comparación con lo que la escuela ofrece. José pone los ojos en blanco y me dice: <> Si él se puede olvidarse de los aspectos de la vida de las tres mil y concentrase en un bocadillo, la escuela si tiene éxito.
<>, explica Nani. <>. PCPI es un ejemplo de un programa para los de 13 años. En ÉL, los estudiantes pueden aprender cosas de niveles básicos. Es una oportunidad para los que tiene dificultades en comprensión, pero tienen ganas de aprender.
Como José ha demostrado, lo importante es que alguien tenga las ganas. José se da cuenta de la importancia de terminar en el instituto. A causa de su educación, un día tendrá muchas oportunidades para trabajar. Posiblemente, tres mil.

LA EDUCACIÓN DE LA OPORTUNIDAD — TESS KUKOVICH

Al lado de la calle Alfonso Lasso de la Vega hay una vieja verja bastante alta que rodea un edificio. Pintada de verde, sirve de separación entre la calle y los barrios que la rodean. Al atravesarla, se encuentran otras puertas para entrar en el edificio, además de otras que un empleado tiene que abrir para que se pueda acceder a él. Aunque lo parezca, este edificio no es una cárcel – es el Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande de Sevilla.

“Aquí en Andalucía, y en España, hay mucho fracaso educativo,” comenta Encarnación “Nani” Quiroga, la orientadora del instituto. El Ramón Carande está situada junto a un barrio muy peligroso y marginado, las Tres Mil Viviendas. Muchos de los alumnos que asisten a él viven en las Tres Mil. Para estudiar allí los alumnos deben pasar por ciertas dificultades, además de tener interés y ganas de aprender. “Si los padres no están detrás de sus hijos, no van a avanzar,” nos cuenta Quiroga, que trabaja como nexo entre los estudiantes y los trabajadores sociales. “Dentro del ambiente en el que han vivido, están haciendo un gran esfuerzo para seguir adelante,” añade.

En la sala de reuniones del Instituto hay un ordenador abandonado a un lado, una gran mesa y un escritorio. Por las paredes hay unos pósteres informativos e inspiradores con frases como “consigue tu sueño.” Este tipo de cosas son parte de la inspiración que los alumnos necesitan.

La Ley de Ordenación General del Sistema Educativo de 1990 estableció la escolarización obligatoria hasta los 16 años. Antes, la educación básica terminaba a los 13. “Si no asistían a las escuela, le llaman a casa y si los padres no respondían, llamaban a los servicios sociales,” dijo Quiroga. Por ello, el Instituto Ramón Carande trata de proporcionar alternativas para los chicos. Después de terminar la educación básica, los alumnos tienen básicamente dos opciones: hacer el bachillerato en el Instituto o formación profesional, aunque también hay otras alternativas.

Leo Andreo Garrido, lleva seis años de estudiante en el Instituto, tiene ganas de mudarse a Tenerife para vivir con un amigo después de cumplir los 18. “Espero entrarme en el ejercito, o hacerme bombero,” dijo. Su única hermana, Noelia, que tiene 13 años, también asiste al Instituto. Leo, de 17 años, tiene a muchos familiares y amigos viviendo en las Tres Mil. “Es un barrio chungo,” comenta. Su propio barrio, Getsemani, está muy cerca, y mucha gente de las Tres Mil pasa por su calle.

Las Tres Mil Viviendas se encuentran en el sureste de Sevilla. El barrio fue creado entre los años 60 y 70 como complejo de viviendas subvencionadas cuando el barrio de Triana empezó a cambiar y los gitanos se vieron gradualmente expulsados a vivir en chabolas o en la calle. El barrio cuenta con una larga historia de delincuencia y drogas, resultado, ENTRE OTRAS MUCHAS COSAS, de la falta de educación, estudios y oportunidades en general de una gran parte de la población. Los problemas de ello derivado están a fecha de hoy muy presentes en la piel del barrio.

“No salgo por el barrio,” afirma Marta Domingue Montenegro, una chica bastante tranquila que vive con sus padres y con un perro en un apartamento de un piso en el barrio de Madre Dolorosa. Ella ha asistido al Instituto cuatro años y tiene muchos amigos que viven en las Tres Mil. “Cuando salgo, voy de compras con mis amigas,” dice Marta. “Pero nunca voy por las Tres Mil. La policía no pasa por allí mucho tampoco.”

Hay un gran problema con la droga en las Tres Mil. Por las noches, todos salen a la calle para hacer botellón, consumir droga y cantar flamenco. Esto trae como resultado que los niños del barrio estén expuestos a la droga a una edad muy temprana, y muchos continúan usándolas durante toda su vida. “He visto a niños de esta altura fumando porros,” nos cuenta Leo marcado con la mano unos 90 centímetros desde el suelo. “Sí, hay mala gente en las Tres Mil, aunque mucha de la que consume drogas es buena. El hecho de que la tomen o no, no les hace ser mala gente.”

EL BARRIO RECIBE mucho dinero de diferentes organizaciones. Según el blog de LaHaine.org, los proyectos de mejora en Sevilla serían mucho más eficaces en barrios como las Tres Mil, pero los inversores prefieren invertir su dinero en áreas con mas oportunidades. “Están remodelando los edificios y tratando de arreglar el barrio. Pero el problema es que no éstos no se conservan,” dice Quiroga.

“En las Tres Mil Viviendas residen muchos ciudadanos que son ejemplo de honradez y que han demostrado una enorme capacidad de lucha contra las dificultades que se han ido encontrando,” dijo el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, hace ocho años durante una conferencia sobre la violencia en el barrio. “Haré todo lo que esté en mis manos para aislar, desplazar e incluso expulsar de la barriada a todas aquellas personas que realizan actividades incívicas y a veces delictivas.” Pero para el resto de Sevilla, las Tres Mil es un lugar dejado de la mano de Dios a propósito. “Uno no debe salir por allí. Hay mucha droga y violencia en ese barrio,” cometnta Maria Aurora Carrasco, una sevillana de 61 años que vive en el barrio de Los Remedios. “Es muy triste que los chicos de las Tres Mil no tengan las mismas oportunidades que los demás.”

No obstante, hay escuelas cómo el Instituto Ramón Carande que están tratando de mejorar la vida de los chicos a través de la educación. Por lo que sólo es la responsabilidad y competencia de estos chicos usar sus estudios y aprovechar de las oportunidades que se le presentan en la vida.

26 feb 2008

LA ENTREVISTA_ LIBRO DE ESTILO

IV. La entrevista. Se puede considerar como un subgénero de la información básica o noticia. En este caso, su único objetivo es informar de las opiniones de alguien. Su formato puede ser el de preguntas y respuestas literales, colocadas después de una entrada informativa. También puede ser reportajeada, con un texto narrativo en el que se van colocando, entrecomilladas, las respuestas relevantes del entrevistado y se resumirán parafraseándolas, otras respuestas. En este segundo caso, sin embargo, la entrevista deja de ser un género para confundirse con la noticia o con el reportaje, que utilizarán citas de una o de varias personas.
De hecho, no debe confundirse la definición de la entrevista como género periodístico con la definición de ésta como técnica fundamental de obtención de datos y opiniones. En este segundo caso, su aplicación es común a todos los géneros, y naturalmente de primordial importancia.
Aparte de la elección entre los dos formatos básicos de entrevista, pregunta respuesta o reportajeada, el periodista debe aplicar las demás normas generales de organización del texto, y en particular deberá ordenarlo según la importancia de los temas y condensar las respuestas. Reproducir las respuestas de forma extensiva y en orden cronológico de su formulación no es sino una forma de esquivar la necesaria tarea de ordenar y condensar la información para que adquiera interés periodístico.
Recoger las frases más interesantes y llamativas dentro de varias respuestas y unirlas entre comillas para darles mayor sentido es lícito siempre que con ese ejercicio de condensación no se traicione el espíritu de las declaraciones ni se cambie el sentido de las palabras pronunciadas. Una entrevista literal estaría plagada de titubeos, repeticiones y errores sintácticos que el periodista debe legítimamente eliminar del texto publicado. Sólo en algunos casos en que el acento o la construcción de las frases del entrevistado resultan elementos sustanciales de la entrevista, sin la que ésta perdería gran parte de su sentido, se puede hacer una excepción. Pero sólo en ocasiones muy determinadas se podrá, por ejemplo, reproducir en letra cursiva expresiones literales del tipo «¡Ozú, mi arma!», cuando su sustitución por «¡Jesús, mi alma!» parezca subvertir el significado de la exclamación.
Otra regla imprescindible de la entrevista, en el caso del formato de pregunta¬-respuesta, es la de incluir una entradilla en la que se situarán con precisión y suficientes detalles la personalidad del entrevistado y las circunstancias o motivos de sus declaraciones. Cuando se utilice este formato, el entrevistador siempre tratará de usted al entrevistado.

10 feb 2008

plan_integral_polígono_sur

PLAN INTEGRAL PARA EL POLÍGONO SUR: ENLACES

PLAN INTEGRAL PARA EL POLÍGONO SUR: PDF
NOTICIA SOBRE EL PLAN INTEGRAL: EL PAÍS
NOTICA SOBRE EL PLAN INTEGRAL: 20 MINUTOS
OPINION SOBRE EL PLAN INTEGRAL: BLOG PARTICULAR
EL POLÍGONO SUR: un poco de historia

http://lahaine.org/index.php?blog=2&p=22087

La delimitación corresponde a una operación urbanística desarrollada por el Instituto Nacional de la Vivienda a partir de la redacción del PGOU de 1963. En este PGOU se planifican una serie de alojamientos en un sistema integrado de cuñas para nuevas promociones en el Polígono Sur, Polígono Norte y Polígono San Pablo. Estas promociones se dirigen a erradicar en primer lugar el chabolismo y las infraviviendas del centro histórico y coyunturalmente a auxiliar a las victimas de las últimas riadas de Sevilla.
A finales de los sesenta se instalan las primeras casitas bajas, con carácter provisional, de la barriada de La Paz ,1064 viviendas, para el realojo de familias con escasos recursos procedentes de varios puntos de la ciudad. Los primeros bloques en los primeros años setenta corresponden a las barriadas de La Oliva y las Letanías. La primera se levanta mediante una Cooperativa de promoción municipal, teniendo una condición socioeconómica y cultural aventajada respecto del resto de barriadas. A la Letanías se desplazan algunas familias de las casitas bajas, al tiempo que se realoja en estas últimas algunas personas de refugios y desalojadas del casco histórico. En estos años, como en la mayoría de barrios obreros empieza a surgir un movimiento vecinal, al tiempo que aumenta la delincuencia y la marginalidad y se genera un incipiente consumo y tráfico de drogas.
En 1976 se crean las Tres Mil Viviendas (la barriada Murillo) exclusivamente con familias desahuciadas del centro y procedentes de los últimos refugios que quedaban en la ciudad. En 1979 las barriadas Antonio Machado y Martínez Montañés. En ellas se alojan las familias que permanecían en las casitas bajas, las que no tenían recursos suficientes para haber abandonado el núcleo con anterioridad. En 1980 se derriban parte de las casitas bajas, de carácter "provisional" aunque un grupo de las mismas pervive en la actualidad.
Factores de segregación
El principal factor de segregación en las ciudades es el salario, desde el momento en que existen suelos más baratos y suelos más caros, los grupos sociales con mayor poder adquisitivo serán los primeros en elegir y aquellos con menor poder adquisitivo se dirigirán a las zonas que no quiere nadie.
El propio concepto de polígono, como sucesión de barriadas de bloques sociales, es un factor de segregación, en la medida en que los beneficiarios de estas viviendas van a ser grupos sociales que no pueden pagar una vivienda en el mercado libre. En el caso concreto del Polígono Sur algunas de sus barriadas han sido ocupadas en base a grupos necesitados de realojo, provenientes de infraviviendas (poblados de chabolas, hospicios cuando aún existían en Sevilla, autoconstrucción muy precaria, corrales de vecinos desalojados del centro, etc. ), principalmente las barriadas de Martínez Montañés y en Murillo. Sustituyendo de esta forma el chabolismo y la infravivienda tradicional por el "chabolismo vertical". A la exclusión social que podría provocar este hecho se le suma la exclusión racial, desde el momento en que las barriadas Murillo y Martínez Montañés concentran una de las mayores comunidades gitanas de la ciudad, con unos 10000 miembros.
Al igual que la concentración de una población con similares características sociales, otro de los factores, la ubicación relativa en la ciudad, también es responsabilidad de la planificación pública. Este tipo de promociones, en general toda promoción de viviendas publicas, tienden a buscar los suelos más baratos para construir el mayor número de viviendas posibles. La situación del Polígono Sur desde su origen lo orienta al aislamiento y a la impermeabilidad. El principal borde urbano que aísla el polígono son las vías del ferrocarril, que desde un principio sirvieron para separar el sector sur burgués de la ciudad (Bami, el Porvenir y Felipe II) del sector obrero (Tiro de Línea, Polígono Sur, y las barriadas hacia el este). En el Este encontramos un segundo "muro de la vergüenza" el de la Fabrica Hytasa, que ciega este flanco. Hacia el sur el antiguo cauce del Río Guadaira, una llanura de inundación compuesta de solares degradados. La trama solo se permeabiliza hacia el norte, donde se encuentra La Oliva, comunicando con la barriada obrera del Tiro de Línea.
La ubicación en el continuo urbano del polígono y la ausencia de medidas correctoras a lo largo de la historia urbanística reciente, crea un espacio inmejorable para el aislamiento y la segregación.
Por otro lado, la marginación llama a la marginación. Uno de los casos más sangrantes para los vecinos del polígono sur ha sido el todavía reciente caso de los Bermejales. Bajo este nombre, en el que hemos denominado sector burgués al sureste de Sevilla, existía hasta hace un par de años el segundo núcleo chabolista en importancia de la ciudad. Ante las quejas de los vecinos de clase media y los intereses de la promotora inmobiliaria de turno, el Ayuntamiento acordó con esta última el pago de varios millones de pesetas a cada una de las familias para que abandonaran dicho asentamiento. A día de hoy muchos de estos chabolistas viven en los sectores más marginados del polígono.
¿Perspectivas de solución?
Un hecho notable dentro de la historia reciente del polígono fue la creación de la plataforma "Nosotros También Somos Sevilla" que agrupa entidades vecinales de estos barrios. Tras movilizaciones varias se consiguió una autoridad comisionada para el polígono y un Plan de Actuación Integral que lleva ya un año de andadura.
Durante este tiempo se ha proporcionada trabajo a un buen numero de jóvenes técnicos haciendo censos y planificando programas sociales. Algunos de los resultados que se valoran más positivamente son la creación de infraestructuras, la rehabilitación de viviendas y la reorganización de servicios sociales. Otras actuaciones se han dirigido a eliminar las casas bajas de la Paz, o al desahucio de inquilinos en situación irregular.

Esto nos hace preguntarnos por donde pasa la solución al problema de la marginalidad y la segregación en el Polígono Sur. Si este pasa por la expulsión de los elementos más marginales nos encontraríamos ante la misma situación que en el caso Bermejales, o ante la situación que dio origen al propio polígono. Estos elementos pasaran a engrosar otros barrios "problemáticos" de la ciudad, o surgirán otros nuevos.
El hecho principal que queremos defender es que desplazar la marginalidad no es una solución. Si es posible eliminar o atenuar la marginalidad en el actual estado de las cosas en la ciudad de Sevilla, no nos atrevemos a asegurarlo.
Es evidente que con una inversión fuerte en programas sociales y una reestructuración urbana de la zona, podría mejorar notablemente la situación. Una actuación que contuviese las suficientes garantías de que la reestructuración urbana no conllevase una reestructuración social. Sin embargo no parece esa la voluntad del ayuntamiento.
El soterramiento de las vías del tren pasó por alto al Polígono Sur, al que quizás convenía seguir teniendo aislado. La eliminación de este muro, de esta barrera, junto con la de Hytasa sigue siendo una de las principales reivindicaciones de los vecinos. Sin embargo el Ayuntamiento parece mucho más interesado en hacer una operación este tipo en la estación de Santa Justa, entre la estación y el barrio de La Calzada, donde se planea una intervención de reurbanización, el soterramiento del tramo al descubierto de las vías y la creación de un gran espacio libre de diseño. Esto en un espacio central y dinámico de la ciudad, con un gran valor del suelo y con numerosos edificios empresariales y administrativos a su alrededor. El dinero atrae el dinero, la marginalidad atrae la marginalidad. Este tipo de proyectos serían mucho más útiles en el Polígono Sur, sin embargo el empresarialismo urbano se dirige a financiar las zonas más dinámicas de la ciudad, donde se encuentran las grandes áreas de oportunidad. Las áreas centrales acaparan las infraestructuras y los grandes equipamientos y las áreas marginales las tímidas inversiones sociales y las buenas palabras.
En cualquier caso, debemos concluir que, aunque la segregación del Polígono Sur tiene posibilidades de solución y lo que falta es voluntad política, el problema de la segregación social es estructural a la ciudad bajo el sistema de mercado. Aunque esta problemática se resolviera en el Polígono Sur a través de inversiones publicas y el redesarrollo de la zona, es probable que se acentúe en otras zonas en los próximos años, especialmente en los barrios receptores de inmigrantes.

MARGINACIÓN Y DELINCUENCIA_septiembre2004

Marginación y delincuencia colocan al Polígono Sur en situación límite

MARCOS HERRERA / DIARIO ABC: 5-9-2004

El Polígono Sur surge en los años sesenta para acoger población chabolistas de los alrededores. ABC Al sudeste de la ciudad, cerca de la SE-30, de la vía del ferrocarril y limitando con la carretera de Su Eminencia y la Avenida de la Paz se encuentra el Polígono Sur. Fuente inagatoble de noticias y sucesos, y hasta escenario de películas, esta zona de sevilla, es más famosa por desgraciados incidentes que por sus bondades. Su historia comienza en los años sesenta cuando sea crea en Sevilla un barrio que tenía oomo finalidad acoger población chabolista de sus alrededores. Cuarenta años después la historia parece que intenta repetirse tras los sucesos de los Bermejales. A pesar de lo que pueda parecer, el Polígono Sur no es una isla en mitad del óceano. En España existen 374 barrios de los llamados «desfavorecidos» en los que viven unos tres millones de personas, lo que supone el 14 por ciento de la población que vive en una ciudad española. En Andalucía, el panorama es aún peor. La comunidad cuenta con 160 barrios desfavorecidos en el que viven 1,2 millones de personas, lo que viene a significar que 41 de cada 100 personas que viven en Andalucía lo hace en un barrio con problemas graves. Si localizamos aún más los datos, un informe del Ministerio de Fomento sobre desigualdad urbana, sitúa a Sevilla como una de las cinco ciudades españolas donde más zonas de desigualdad y exclusión social se localizan. Además señala el informe que viven en Sevilla cerca de tres mil doscientas familias «bajo el umbral de la pobreza» padeciendo precariedades en cuanto a higiene, vivienda y alimentación. La capital hispalense es sólo superada, en términos de exclusión social,por las grandes urbes, Madrid y Barcelona, y las ciudades andaluzas de Cádiz y Almería. La situación de Sevilla ha empeorado respecto al último informe de este tipo encargado a finales de los años ochenta. En ese momento Sevilla, aparecía en el noveno lugar de la «deshonrosa» clasificación de la marginalidad. Sin embargo, mientras otras ciudades que la antecedían como Granada y Valencia han experimentado planes de choque que han paliado el problema, en Sevilla permanecen las mismas zonas de exclusión que empezaban a adivinarse en los años ochenta. Del mismo modo, la distribución que realiza el informe respecto a las zonas marginales de Sevilla revela que casi la totalidad de éstas, se encuentran en la corona exterior de la ciudad. Si bien, la situación general en el centro es bastante buena, exceptuando la zona La Alameda-San Luis, en el extrarradio se encuentran las zonas más vulnerables coincidiendo con la expansión de la ciudad en los años setenta y ochenta. En Sevilla, los grandes polígonos de vivienda social, basadas en urbanizaciones de bloques abiertos, coinciden con las cuatro zonas de exclusión. Uno de estos cuatro polígonos de vivienda es el más que conocido Polígono Sur. Hoy a este tipo de barrios se les denomina zona de transformación social, o barriadas de actuación preferente. Una evolución lingüistica de estos últimos años del concepto de «barrio marginal» que no ha siginificado una verdadera transformación en las políticas sociales de este barrio, que, cómo se verá a continuación padece una situación insostenible. Población A pesar de lo que pueda parecer, la realidad muestra que el Polígono Sur, con más de 18.000 habitantes, según el último censo de la ciudad de 2002, es el barrio más poblado de los veinte que componen el Distrito Sur. Además, la densidad de población (habitantes por kilómetro cuadrado) es muy superior a la registrada en otros barrios. También, dice el censo que es el segundo barrio del distrito con el menor grado de envejecimiento (40,73 por ciento) detrás Elcano-Bermejales. De este modo, presenta una estructura demográfica mucho más joven que el resto de la ciudad con un 35 por ciento de población menor de edad. Las altas por nacimiento y las bajas por defunción muestran un crecimiento de la población en el Polígono Sur muy superior a otras zonas de Sevilla. Así, la tasa de natalidad se sitúa en un 16,32 por ciento por una tasa de mortalidad que se cifra en el 7,49, lo que supone un crecimiento vegetativo del 8,82 por ciento. Es decir, que la población aumenta más que en zonas similares como Torreblanca (2,57 por ciento de crecimiento vegetativo) o zonas tan diferentes como Nervión con sólo un 0.66 por ciento o Los Remedios con un 0, 72 de crecimiento de población. Empleo Los datos esperanzadores en crecimiento de población contrastan con los pésimas cifras que se barajan en materia de empleo. Según datos del Comisionado para el Polígono Sur, de los 374 barrios desfavorecidos en España, sólo cuatro tienen más paro que el Polígono Sur. Tiene un 43 por ciento de tasa de paro en los más de viente mil personas estudiadas y un 57,6 por ciento de paro juvenil. El grupo más castigado por el desempleo es el de personas que tienen entre 20 y 40 años. En este sentido, existe una tremenda dificultad de los jóvenes para encontrar su primer empleo, muy relacionado con el abandono prematuro de los estudios.De los «afortunados» que tienen ocupación laboral, destaca que el 64 porciento son trabajadores eventuales, un 16 por ciento son peones y un 40 por ciento son trabajadores no cualificados. La situación se agrava según el Comisionado porque el 35 por ciento carece de estudios. El dispositivo SURGE, estima una tasa de paro alrededor del 40 por ciento, y señala que sumando los parados con los trabajadores eventuales o precarios, «serían 17.500 vecinos los expulsados total o parcialmente del mercado de trabajo». La economía sumergida ocupa un lugar preponderante en la economía del Polígono Sur, y es que un elevado número de personas se dedican a la venta ambulante. Educación El Polígono, destaca de forma negativa por tener la mayor proporción de población sin estudios de todo el distrito. Analizando este sector con menor nivel de formación, se obtienen ciertas peculiaridades. Así, el 38 por ciento de los analfabetos y el 23 por ciento de la población sin estudios del Distrito se concentran en el Polígono Sur, según el anuario demográfico del año 2002. El Comisionado para el Polígono Sur señala que más de 22.000 vecinos no saben leer ni tienen estudios primarios. Aún así, esta entidad señala que existen grandes diferencias entre unas zonas y otras del barrio. Por otro lado. las mujeres son las principales afectadas por el analfabetismo y las que tienen menor cantidad de Graduados. Si se estudian los datos sobre estudiantes de secundaria y universitarios, especialmente entre los hombres encontramos una bajísima cantidad de vecinos. Así, según el censo, existían en 2002 un total de 405 universitarios que suponían un 5, 28 por ciento de la población activa. Si en nivel de formacion de sus habitantes el Polígono suspende, en uso de bibliotecas tampoco llega al aprobado. De esta forma. El Polígono Sur dispone de la biblioteca municipal con más fondos (10.288) situada en el Centro Cívico El Esqueleto. Tiene un total de 2.023 socios lejos de los más de 5.000 de la Biblioteca Municipal Los Carteros. Pero donde las cifras son sensiblemente inferiores con respecto al resto de la ciudad, es en el número de usuarios. El Esqueleto es la biblioteca con menos usuarios (suma unos diez mil) y le sigue la de San Jerónimo con casi 19.000 lectores. Lejos quedan los casi 40.000 de la biblioteca del Parque Alcosa. Sanidad El Comisionado para el Polígono Sur califica como «buena» la dotación de centros, así como el funcionamiento de la mayor parte de ellos. No obstante la mortalidad es de 1,4 veces superior a la de Sevilla y las defunciones por sida, cáncer de púlmon son también la más altas de la ciudad. Aparte, los niños nacidos en el Polígono, son los que tienen la esperanza de vida más baja. En cuanto a drogodependencias, este barrio cuenta con 700 enfermos en el programa de mantenimiento de metadona. El Comisonado también encuentra otros problemas como el elevado número de embarazos no deseados o la falta de tarjetas sanitarias individuales. El Polígono Sur vuelve a suspender en otro apartado. El Centro de Salud de este barrio es uno de los que menos vacunaciones de niños registra. De esta forma, la vacuna del primer año se la ponen un 72 por ciento de los menores frente a un 92 por ciento del Polígono Aeropuerto. La de recuerdo de los quince meses y triple viríca se la ponen un 63 por ciento de los niños en contraposición por ejemplo al 85 por ciento que se vacunan en los centros de salud de Triama. Economía El Polígono Sur adolece de un excesivo peso de la economía sumergida y de las prestaciones sociales. El barrio se ha convertido con el paso de los años en un espacio de libertad para mafias, grupos de delincuentes y conductas marginales. Existe además muchas personas viviendo en pisos irregularmente. En cuanto al tejido empresarial es muy débil dentro del barrio. Como se puede ver en el gráfico, en Las Letanías por ejemplo solo exite un negocio por cada mil vecinos. A pesar de todos estos datos, el Polígono Sur no es ni mucho menos el barrio más pobre de la ciudad. Ocupa el lugar décimo tercero de los veinticinco barrios más pobres con una renta de casi seis mil euros por habitante ocupado, muy lejos del primer lugar que ocupa el barrio Prado- Parque de María Luisa con una renta de más de 36.000 euros por habitante, que ocupa el cajón más alto en los veinticinco barrios más ricos. Conclusiones Martínez Montañés, Antonio Machado, Murillo, Las Letanías y Las Casitas de la paz conforman una realidad en forma de barrio que se llama Polígonosur.Y es que, aunque nos refiramos a una misma zona, con carácterísticas similares, la incidencia de pobreza, marginación y exclusión no se manifiesta con la misma intensidad en todo el barrio. De este modo, el Plan de Sevilla, una publicación que abarca distintos temas de la ciudad, considera en su capítulo «La Sevilla Solidaria y Cotidiana» que el área con mayor conflictividad social es la parte comprendida entre las calles Manuel Fal Conde, la carretera de Su Eminencia y la segunda ronda Nuestra Señora de la Oliva. Esta publicación considera que se ha configurado una escena urbana agresiva en la que su situació geográfica le aboca a un estado de exclusión social que dificulta su integración.

5 ene 2008

THE HEART OF BAGHDAD
by Olivia Rosane / más+menos 9

When his brother told him how a group of fundamentalists had shot the engineer, just for being a woman and refusing not to work, Yasir glanced over at his three year old daughter stacking blocks on the tile floor and knew he had no choice. He lifted the phone to his ear, thanked Allah it was working that day, and dialed his sister’s law firm in New York.
“All right,” he grumbled into the receiver, “You win.”
“Oh Yasir, I’m so relieved,” she answered in her American English as polished and hard as diamond, English she had perfected after twenty years of first studying and then living abroad. “Don’t worry, I know people in immigration,” she assured, “I can make this happen.”
Yasir sighed and looked out the window as the date palm, pride of his garden, caught the glowing ball of the setting sun between its fronds. He could almost forget the war and occupation—this unreal three-month-old reality-- when he looked only at that tree, when he shut from sight the roads cracked with the weight of American tanks and the neighbor’s house hollowed with the force of an errant American bomb. He could stare at it and think only of thirty years of reading in its shade.
“There were never fundamentalists in Iraq before the invasion,” he mumbled. “Maybe the Americans will leave and life will return to normal.
“Yasir . . .” his sister’s voice warned exasperation.
“I just worry,” he said, “about my little girl growing up so far from home.”
Across the rough connection, his sister’s voice softened. “New York will become her home, and yours too. Like they say in the states, home is where the heart is.”
The electricity chose that moment to flicker out; the ceiling fan flailed and died, and the June heat crouched behind him like dread. Home is where the heart is, he scowled. It was just the sort of phrase the Americans would use—the kind that took all the bitterness of leave-taking and exile, dipped it in grease, drenched it in sugar, and sold it to little children for a dollar. Yasir shook his head against his sister’s words. Even if the American invasion were forcing him to abandon his home, he would not allow the injustice to be softened by a manufactured American cliché.
So, the midnight before he was to leave Iraq, a leave-taking that had taken nine months to arrange, he broke one of the empty picture frames still hanging on his living room wall (all the pictures has been placed at the bottom of suitcases), doused the sharpest piece he could find with rubbing alcohol, and used it to cut out his heart. In its place he stuffed a crumpled up cleaning rag that sucked up the blood from his veins and rung it out again through his arteries. The thumpthump! that used to sound in his chest was replaced by slurpspit! slurpspit!, and every time the new, wetter rhythm sent the blood to his fingertips, it sent also a sharp joy. Gently, he wrapped his heart in his late mother’s favorite shawl and buried it beneath the date palm. Now, no matter what the Americans did or said, his heart and home would remain in Iraq.
That knowledge was Yasir’s only comfort in his new location. He arrived in New York City in early March, his favorite time of year in Iraq, when it was possible to enjoy the noonday sun without a jacket yet without sweat. But in New York the March air was so cold he feared his blood would freeze each time he stepped from his small Washington Heights apartment. Icy gusts would blow up from Riverside Park and rattle the small stand where he worked selling falafels on the corner of 116th and Broadway, and the cold would numb his hands so thoroughly that he wouldn’t even notice when the cooking oil burned him until his wife asked about the red spots on his fingertips at night. Even colder were the customers who visited his stand. He missed the fierce connection of his Baghdad bakery, where the need to negotiate prices with his customers forced them to stare into each other’s eyes and fling their hands in each other’s faces. Yet here college girls in indecently short skirts and ridiculous furry boots ordered while laughing to friends about drunken parties, professors in wool coats ordered while debating abstract philosophies with themselves, mothers in pea coats and leather boots ordered while yelling into cell phones at invisible nannies. And none of them ever smiled in his direction.
“Stop complaining,” said his wife one Saturday afternoon as they huddled on a bench in Riverside Park, watching their daughter play in the remnants of a capricious April snowfall. “We were lucky to get out.”
“Lucky, lucky? Choosing between death and exile does not make you lucky, Farrah!” he said, stamping his foot and sending snow crystals flying.
Farrah sighed and pulled her scarf tighter around her head. “At least Safia is happy,” she said, motioning with her head to where their daughter was lying besides a girl with blonde pigtails and a bright pink snowsuit that said Barbie in silver letters across the front. The two were flapping their arms and legs back and forth in the snow and punctuating their movements with occasional shrieks.
“Look Daddy,” shouted Safia, rising to her feet and waving her ridiculous purple mittens. “I made a snow angel. Brittany taught me!”
Yasir did not like that a girl with the name of a immodest American celebrity was teaching his daughter how to make Christian symbols in an alien icy substance that he was sure, despite his sister’s insistence to the contrary, would give her pneumonia. But then Safia’s lips parted into an upside down crescent as bright as the snow around her, and he smiled back, before he could think to frown.

As one year passed and faded into another, Yasir learned to anticipate certain changes in rhythm of New York seasons. Even though he always shivered with the early spring rains that turned the streets into rivers, he learned to search for the first hint of green in the bare branches of Riverside Park. Even though he felt smothered every time the heat from the subway station rose up through steel grates to mingle with the already humid summer air, he learned to wonder through the park on summer nights, Safia’s hand in his, and wink with her at the fireflies. Even though he hated autumn’s sudden rush to darkness—hated setting up and closing his stand without a hint of natural light---he learned to look for the first glint of orange in the trees. And even though stepping outside in winter never ceased to feel like stepping into a robe of needles, he learned to look forward to that one snowfall a year that would erase the division between street and sidewalk and force the dirty, busy streets to take a day for ablutions and for rest.

Not too slowly, the pictures from Iraq, unpacked and tacked to the wall behind his couch, were joined by others: Safia playing tag on the sidewalk with children from their neighborhood—Dominicans, African Americans, Caucasians and Jews—without fear of roadside bombs or sectarian strife; Yasir playing chess on the sidewalk with an elderly man from Nigeria, also Muslim, who lived downstairs; Farrah trading recipes on the stoop with Carmen, a round and smiling Dominican mother of four. Other documents joined the pictures as well: Safia’s report cards from elementary and then middle school overflowing with plusses and As, her results from the Specialized High Schools Admissions Test which guaranteed her a spot at the prestigious Stuyvesant High School.
But bitterness still managed to sneak in like winter air under the windows. On Safia’s first day of high school she came home slamming her math book down on the kitchen table and fuming about some moron behind her in the lunch line who had asked if she was hiding a bomb under her headscarf. The slurpspit! of Yasir’s heart sped into one angry hiss.
“What’s his name,” he shouted, “I’ll get him expelled.”
But Safia, suddenly calm, walked over to her father and loosened his fists with her keyboard-calloused fingertips.
“Don’t worry Dad,” she said, “He’s just ignorant. I’ll just have to organize some sort of informational meeting after school on Muslim culture.”
The “sort of informational meeting” morphed over the course of that year into a multi-cultural extravaganza. One night in late May, Yasir and his wife took the one-line downtown to Safia’s high school for the “Festival of Origins” Safia and her closest high school friends had organized. They sat at lunch tables eating ethnic food prepared by Safia’s peers. (Yasir recognized his wife’s Kubba faithfully rendered by his daughter, even if the almonds lacked the crisp sweetness of almonds in Iraq). As they ate, student after student stepped up to the microphone to talk about Guatemala, Italy, Poland, Morocco . . . Tears stung Yasir’s eyes as he heard his daughter speak in passionate abstractions about the cultural legacy of the Babylonian empire and Baghdad during its golden age as the capital of the Muslim empire, about the five pillars of Islam and the true meaning of Jihad, about the injustice done to her country by sanctions, invasions and civil war. Yet to his surprise the tears were not tears of sorrow—they did not morn the fact that Safia did not know the silhouette of the Baghdad skyline or the bone-deep pull of the call to prayer. Instead his tears formed in wonder at the form of his daughter standing with scarf wrapped around a head held high in an American cafeteria, and the faces of America students and teachers turned towards her in respect.

Thumpthump! Something hard hammered against Yasir’s ribcage; a current of fear pulsed in his stomach. Thumpthump! There it was again. A wave of heat swelled in his body and dispersed, leaving him shivering with beads of cold sweat trickling down his forehead. It can’t be what you think it is. He consoled himself. That’s not possible.
But all the way home on the subway, as he watched Safia and Farrah gush over the night’s success, the same Thumpthump! kept nagging at his chest, and Yasir knew there was only one way to calm the fear it sent shivering through his veins.

In the twelve years since he´d left, Iraq had faded from the front pages of the papers and joined the ranks of countries from which bad news is no longer news. Still, it was considered safe enough to travel to Baghdad since even violence had given up on it. The Americans had retreated within the heavily guarded walls of their theme-park embassy and the fundamentalists contented themselves with exerting their power over unarmed, rural villages.
-Why are you going; it´s still not safe! His wife scolded.
-Why can´t I come with you? His daughter whined.
But Yasir just shook his head as he hailed a cab for the airport and said this was something he had to do by himself.
The streets of Baghdad were dustier than he remembered—in some places concrete had surrendered to dust completely so that even he began to doubt if this or that road had ever been paved. When he turned the corner onto his former street, his blood quickened with the thought of seeing once again the proud outline of his date palm against the sky. Yet when it appeared, it seemed to spike the sky with a strange malignancy. Against his will, he wished to see the tall, soft silhouette of a leafy maple. Yasir shook the thought from his head and walked faster towards the date palm. As he neared he saw that his home had crumbled to the ground and that three homes of cardboard and corrugated tin had squatted in its place. He glanced guiltily at men and women with wide eyes and skinny limbs slouched in makeshift doorways and swatting at flies and couldn´t fight the relief that his Safia wasn´t one of them. Their eyes followed him as he approached the date palm, lifted a newly-purchased shovel from his shoulder, and began to dig, but none of them said a word.
Yasir dug in fits and starts—alternately driven on and stopped short by the pressure of those silent eyes on his back, the hammer of the summer heat that lacked the cushion of New York´s humidity, the strange hard pounding in his chest . . .
Finally, his shovel brushed against something soft. Yasir dropped it as if burned and knelt down besides the hole he had made. He squeezed his eyes shut, reached his hand inside, and brought something soft into the light. Shaking, he opened his eyes. In his hands was nothing but a crumpled dishrag.
Yasir considered cutting out his heart again, this time without replacing it. But suddenly he was so tired and the only thing he could think of was reading with his wife and daughter on a bench by the Hudson River while a breeze ruffed the trees above their heads . . . Sobbing, Yasir touched his forehead to the ground.