Vanesa Sánchez León, 16, y Rosario Rodríguez Fernández, 15, viven cerca de las Tres Mil Viviendas, un barrio de Sevilla famoso el flamenco de su amplia comunidad gitana. Allí el flamenco sigue evolucionando y siendo un elemento de la vida cotidiana. Pero no sólo es conocido por la cultura, sino también por problemas sociales tan graves que los autobuses y los taxis se niegan a entrar.
Aunque Rosario dice crípticamente que algunos parientes “tienen mala pata” y las dos confiesan que a veces no se llevan bien con sus padres, insisten en que sus familias son “muy buenas.” Según Vanesa, su gran problema es que su hermanita siempre la molesta; “¡ojalá fuera hija única!
Rosario, Vanesa y Gabriel, un sevillista con cara amable de 15 años, son estudiantes del Instituto Ramón Carande. Junto a otros doce chicos forman el “grupo de diversificación.” Los profesores les han escogido por ser alumnos motivados que van un poco por detrás del resto. Nani Quiroga, la psicóloga del instituto, explica que son un grupo “orgulloso y un poco mimado.”
Al otro lado está el “grupo compensatorio” – sólo uno de los numerosos eufemismos usados para describir los problemas de la escuela. La mayoría de estudiantes que pertenecen a este grupo no quieren asistir al instituto; solamente están allí por la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) que manda que vayan hasta la edad de 16 años. Para mantener orden en el aula con los quince estudiantes del grupo compensatorio, hacen falta dos profesores. Los alumnos frecuentan el “aula de convivencia” (otro eufemismo), que es una habitación punitiva a la que van antes de ser expulsados.
Aunque Rosario, Vanesa, y Gabriel pertenecen a un grupo más académico, las chicas explican, soltando risitas, que “nos gusta más el recreo. ¡Es la mejor clase de todas!” No es sorprendente cuando las otras opciones incluyen “ciudadanía.” ¿De qué trata la ciudadanía? “La droga. El maltrato.” Más risitas.
Gabriel, con su voz callada, dice que le gustan el inglés y las matemáticas. “Algún día me gustaría estudiar o trabajar en Inglaterra.” Piensa hacerse administrador. Rosario también quiere irse al extranjero, a Méjico, y quiere continuar su educación en la universidad, como el 20% de los estudiantes del Ramón Carande. Vanesa, aunque había dicho que le gustaría ser arquitecta, dice que preferiría trabajar después de recibir su título de bachillerato. “No me gusta para nada estudiar. ¡Trabajar es mejor!” Sea por lo que sea, a todos les gustaría salir del barrio.
Gabriel, Vanesa, y Rosario son, sobre todo, adolescentes; a saber, se preocupan por los novios y les gusta salir a las discotecas de menores como Antique en el barrio Nervión de Sevilla. (Vanesa aconseja que no vaya a la Alameda puesto que allí hay un “montón de travestis.”) Además ven la tele cuando tienen tiempo libre. Sus series favoritas son El internado y Sin tetas no hay paraíso, la misma respuesta de muchos españoles de su edad.
Su entusiasmada charla sobre las series de televisión se vio interrumpida por una sirena chirriante que no estaría fuera de lugar en una cárcel – la campana escolar. Ni siquiera parecía que notaran la molestia del sonido. Ya están acostumbrados a ella y a todo lo que la mayoría de la gente considera desagradable de la vida cotidiana en aquel barrio marginal, las Tres Mil Viviendas.
No me ha dejado
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Yo se es cliché decir esto, pero realmente, este captura la experiencia
para mí. Mi tiempo en Sevilla fue una experiencia de toda una vida y yo
nunca lo ol...
Hace 15 años

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