16 mar 2009

TODAS LAS COSAS CON ORGULLO, Katelyn McBride

Aunque los alumnos del Instituto Ramón Carande viven en uno de los barrios más marginales de Sevilla, tienen deseos de futuro, inquietudes similares a las de los chicos de su edad y, lo más importante, mucho orgullo por su barrio y su vida.

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Andrea, de 15 años, desenreda su larga trenza morena y se recompone el pelo rápidamente con las manos. Sujeta la trenza con una banda roja, el mismo color de sus zapatos, su camiseta y sus labios. Su cara llena de pecas y su sonrisa blanca relucen más que sus pendientes de plata cuando nos habla del trabajo ideal para el futuro:

“Peluquera,” dice. “No me gusta estudiar. Y el programa de peluquería es de sólo dos o tres años.”

A su primo Iván, con los mismos 15 años que ella y sentando a su derecha, no le gustan las estudios tampoco. Quiere ser pintor como su padre, que tiene un taller de pintura en el barrio. La madre de Iván es limpiadora y la de Andrea no tiene trabajo. Como todos los alumnos en el aula, ellos viven en el Polígono Sur, más conocido en Sevilla como las Tres Mil Viviendas, uno de los barrios más marginales de la ciudad.

A pesar de su juventud, estos chicos ya conocen las dificultades económicas en tiempos de crisis y comentan cuánto han afectado a sus familias. Sin embargo, Iván lo cuenta todo con una sonrisa.

“Uno, dos… tres… cuatro… cinco, y seis,” cuenta sus piercings en la cara. Tiene uno debajo del ojo , otro en la ceja, tres en las orejas y uno en la lengua que se puede ver cada vez que se ríe.

Iván admite que aunque a él no le guste el instituto, su materia favorita es la educación física. Andrea está de acuerdo. A los dos les encanta el fútbol y ambos son hinchas del Sevilla Fútbol Club. Como a todos los chicos de su edad, les encanta salir por la noche los fines de semana, especialmente en Triana.

En el instituto Ramón Carande, cerca de las Tres Mil, donde charlamos con Andrea y Iván entre pizarras, ventanas decoradas con corazones de papel por el reciente San Valentín y mapas de España y Europa, son a veces necesarios dos profesores por cada grupo de 15 estudiantes. Es la única forma de mantener el orden y poder más o menos impartir clase.

“Son muy buena gente individualmente, pero no quieren estudiar y son difíciles de controlar,” comenta Nani Quiroga, consejera educativa y psicóloga del Ramón Carande.

Quiroga nos dice que aunque el Ramón Carande tiene casi 500 alumnos entre los 12 y los 18 años, solo un 20% de los estudiantes continuarán sus estudios en una universidad. Aunque asisten a clase, a casi nadie le gusta estudiar. Según Andrea, la mayoría de los chicos han fumado desde los 13 años. Muchos tienen problemas familiares, pero nadie habla mal sobre su familia o sobre su barrio.

“Están muy orgullosos de vivir donde viven,” dice Quiroga.

Aunque Triana es mejor para salir y visitar, Iván dice que no quiere vivir allí y que vivirá en su barrio toda la vida. Andrea, nuevamente, está de acuerdo con su primo y quiere presentarnos a su hermana, que está en el aula también. Grita su nombre por encima de un montón de charlas animadas y la chica viene enseguida. María tiene 16 años y le da a Andrea un beso y un abrazo. Luego, con una gran sonrisa, regresa a su silla. Andrea busca una foto en su cuaderno hasta que la encuentra, “Éstas somos mi hermana y yo hace muchos años.” Después de una larga contemplación, Andrea besa su foto y la devuelve al cuaderno con cuidado.

La familia es muy importante para Andrea. Dice que le gustaría ponerse un tatuaje en el pie con el nombre de su abuela. Siente mucho orgullo por su familia y por su vida y dice que la música de Sevilla es muy importante también. Le encantan los ritmos del flamenco.

“Yo toco la caja,” dice Iván dándose palmadas rítmicas sobre el pecho como si fuera el instrumento. La charla sobre música anima mucho a los chicos.

Finalmente, suena la campana del centro y todos los estudiantes tienen que cambiar de aula para una próxima clase. Lo ultimo que dice Andrea, para terminar la conversación sobre música y general, es que quiere aprender a tocar la guitarra. Y con la motivación y el orgullo con que lo hace todo, no hay duda de que lo conseguirá. Se levanta del asiento y va a reunirse de nuevo con su hermana.

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