16 mar 2009

ENTRE EL DESEO Y LA MARGINALIDAD, Justine Vanella

Polígono Sur, uno de los barrios más marginales de Sevilla, es conocido por la pobreza, las drogas y la delincuencia. Aunque el sistema educativo se enfrenta allí a muchos problemas y las condiciones de vida de los más jóvenes no son las perfectas, entre ellos existe el deseo inequívoco de mejorar su futuro.

Chicas con la cara pintada y el pelo teñido se ríen y cuchichean, mientras chicos con jeans anchos y pendientes se bromean entre ellos y se cuentan chistes. Las risas y los gritos hacen eco en la clase, a continuación el timbre. El maestro les pide que se sienten y estén tranquilos. Un día cualquiera en una de las aulas del Instituto Ramón Carande se parece al de cualquier otra aula del mundo. Sin embargo, los chicos aquí pertenecen a un mundo algo más duro, peligroso, y pobre— el Polígono Sur de Sevilla.
Se trata de uno de los barrios más marginales de Andalucía, con graves problemas de drogas, paro, salud pública, analfabetismo, desigualdad y embarazos entre las adolescentes2. A los dieciséis años, la mayoría de los chicos ya han experimentado los problemas del barrio1. En el Polígono Sur, la mayoría no sacarán el graduado escolar. Un treinta y cinco por ciento no lo terminan2. Sin embargo, los chicos del grupo B del Instituto Ramón Carande, un módulo considerado no muy conflictivo y suficientemente motivado, por lo menos tienen el deseo de graduarse. Muchos también quieren ir a la universidad.
Gabriel es un chico tímido, más bien menudo y de disposición agradable, habla de sus sueños de futuro. “Quiero trabajar en la administración, y tener mejores oportunidades yendo a la universidad. Además quiero vivir en Inglaterra. Nunca he estado allí, pero quisiera ir pronto.”
A pesar de estos grandes sueños, no todos son conscientes de los graves problemas que existen en su barrio. El embarazo de las adolescentes y la droga siguen amenazando, incluso a los estudiantes más prometedores1. El índice de natalidad es un 16,32 por ciento y hay muchas madres adolescentes2. Por eso, las chicas tienen menor posibilidad de graduarse. Por suerte, el Instituto Ramón Carande imparte la asignatura Educación para la Ciudadanía, específicamente creada para informar a los estudiantes, entre otras muchas cuestiones cívicas y sociales, sobre la prevención del embarazo y de las enfermedades de transmisión sexual, el peligro de la droga o el maltrato a las mujeres. Los estudiantes parecen informados por lo que evitarán muchos problemas derivados de la falta de conocimiento—si tan solo todos asistieran regularmente a clase.
Parece inevitable que muchos chicos acaben metiéndose en las drogas, aunque los chicos del grupo B se mantienen ocupados con otras cosas. Rosario tiene dieciséis años y lleva su pelo rizado recogido en una cola, con un arete ensartado en su labio inferior, explica lo que hace en su tiempo libre. “Nos encanta ir a las discotecas. Siempre vamos al Antique. Nos divertimos bailando y sacándonos fotos. También nos gusta ver películas. Muchos de mis amigos juegan al fútbol, pero a mí los deportes no me interesan.”
Gabriel, Rosario y su amiga Victoria, chica gitana bastante animada que también pertenece grupo, hablan entusiasmados sobre las fotos del último fin de semana. Por supuesto ya las han subido a Tuenti, que es la red social similar a Facebook preferida por los adolescentes españoles. Como a muchos otros chicos de Europa o de Estados Unidos, a los del Ramón Carande parece encantarles estar siempre en contacto mediante las nuevas tecnologías. Disfrutan añadiendo fotos, comentándolas y hablando por el MSN Messenger.
No obstante, como le ocurre a muchos adolescentes, los padres se enfadan si usan los ordenadores demasiado tiempo. Gabriel, Rosario y Victoria se que quejan y se muestran frustrados aunque tienen la suerte de vivir con unos padres comprensivos. En el Polígono Sur, muchos chicos no tienen ese privilegio. Hay un algo porcentaje de progenitores encarcelados; algunos incluso han muerto prematuramente3—el índice de mortalidad es 1,4 veces más alto que el de Sevilla debido a cuestiones como el sida o a las deficiencias en la sanidad pública2.
Aunque en general estén contentos y sean buenos estudiantes, nuestros protagonistas tampoco están exentos de problemas. Rosario, cuando se le pregunta sobre la familia, se muestra muy reservada. Tan sólo nos cuenta que no le cae bien su hermana.
Rápida en rescatar a su amiga de temas que la deprimen, Victoria cambia la conversación y empieza a contarnos cosas sobre las fiestas, en especial la Feria de Abril. Con los ojos muy abiertos, trata de explicárnosla. “Quedamos juntos los amigos y la familia, y nos divertimos mucho. Y por supuesto bailamos! ¿Las sevillanas, las sabes bailar?” dice Victoria, mientras mueve las manos como si bailara sevillanas. “Es fácil: coges la manzana, te comes la manzana, y luego la tiras.” Victoria se ríe y Rosario la sigue mientras la sigue en la demostración.
El timbre suena, y un murmullo invade el espacio. Rosario y Victoria miran a un chico al otro lado a la clase y comparten su risa. Todos parecen alegres camino de su próxima clase. La inocencia y el deseo todavía están en ellos. Mientras tanto, justo al otro lado de las vías del tren, sigue estando el Polígono Sur como una premonición oscura, amenazándo con quitarles el brillo del deseo.

Fuentes De Información
1. Encarnación Quiroga: orientadora educativa y psicóloga del IES Ramón Carande
2. Herrera, Marcos. “Marginación y delincuencia colocan al Polígono Sur en situación límite.” 5-9-2004.
3. Abel, Dominique. Polígono Sur (El arte de los tres mil). Documental. 2003.

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