por Shae Rueckert
En España, el década de 1950 significó veces inquietante para la agricultura. Los efectos de minifundio, una resuelta de la fragmentación repetida de las tenencias de la tierra, y el latifundismo, que muchas veces llevó a la mala gestión de la tierra, se hacía visible. El cambio fue gradual, pero los efectos fueron considerados por muchos. Como resultado del aumento de los precios en los años 50, de medio millón de los trabajadores agrícolas salieron de la granja por la ciudad o fueron al extranjero para buscar una vida mejor.
Sin embargo, la granja no era un lugar de la lucha para todos. Matilde Nosch Montes, una residente de toda la vida de Sevilla, recuerda sus recuerdos de la finca de su familia con felicidad, no desdén. Para ella, la finca representaba un lugar para conectar con la naturaleza y para divertirse.
Cada año, durante cuatro años, Matilde y su familia salían su casa en Sevilla para la finca de la familia en la provincia de Huelva para pasar el verano. Ella pasaba su infancia corriendo a través de los campos y por el rio que corría por su propiedad con sus hermanas y hermanos. Ellos montaban los caballos, capturaban las tortugas y ranas en las orillas del río y, uno ano, ella superó su miedo a las vacas.
Uno recuerdo específico de ella es de las noches del verano. En el jardín de un cortijo que pasaba por alto a su finca, ella iba a admirar el cielo de la noche. Mientras ella miraba el cielo, su padre decía las historias del cielo y las estrellas y los cambios de la luna.
Aunque había los problemas en los campos de España en los años 50, había gran alegría también.
No me ha dejado
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Yo se es cliché decir esto, pero realmente, este captura la experiencia
para mí. Mi tiempo en Sevilla fue una experiencia de toda una vida y yo
nunca lo ol...
Hace 15 años

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