7 mar 2010

Un perro andaluz

por Danny Hart

Cuando me dieron mi papel que dijo los nombres de mis caseras, estuve muy ilusionado: por la primera vez de mi vida, iba a tener un perro. Por todo de mi vida, he querido un perro y mis padres nunca lo permitieron. Antes de venir aquí, mi hermano mayor me dijo que iba a comprar un perro antes de mudarse a California. Estuve muy enfadado. Así cuando recibí mi casa y se escribió “perro”, me sorprendió.
Cuando llegue a mi casa el primero día, mi casera me trajo por todos los cuartos. Comenzamos en el pasillo con sus fotos. Pasamos por el primero cuarto, la cocina, y continuamos en al cuarto con muebles y mesas, todos cubiertos con fotos. En casi todas las fotos, había un perrito marrón y blanco. Me indico todas las fotos con sus estudiantes del pasado, y cada vez ellos tuvieron el perro en los brazos.

Continuamos, ella me indicaba mi cuarto, el cuarto de baño, su cuarto, y un cuarto que no se usa.
Por todo de ese tiempo, pensaba y esperaba por el perrito correr a las piernas. Finalmente, fuimos a la cocina. Cuando entramos, mi boca abrió y mi mandíbula casi cayó al piso. Allí, en la esquina, había el mismo perro de los fotos. Estaba en un caja de cristal, relleno y muerto. No sabia que hacer o decir. Mi casera me explico que “Yacco”, el perro, se murió en septiembre después de cumplir 16 años. ¡Que viejo! Yacco era una parte de la familia, y ella quiso continuarlo, así lo relleno. Ahora, vivo con mi casera, su marido, y mi primero perro, Yacco.
No sabia que pensar de esta situación. Después de un rato, me di cuenta de que el amor entre los sevillanos y sus perros. Nunca he visto más perros en las calles que aquí. Sí, es un poco extraño tener un perro muerto en la cocina. Pero puedo ver que es un símbolo de la importancia de animales, y familia en general, a los sevillanos.

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